Hablando con uno de mis pacientes, me di cuenta de la importancia de saber cómo aplicar una crianza respetuosa en el hogar. Durante una de mis asesorías, el padre me confesó que sospecha que su hijo tiene TDAH y, para evitar que se frustre al ver sus bajas calificaciones, prefirió ser honesto y decirle que no sería capaz de entrar a la universidad, y que sería mejor que no tuviera ninguna expectativa. Me quedé sorprendida de cómo un padre puede determinar el futuro de sus hijos y encaminarlos de manera negativa.
Intervine como pedagoga y le pregunté por qué hizo eso. Él me respondió que no quería darle falsas esperanzas y que prefería que no perdiera su tiempo. Le expliqué que en la escuela, los niños están obligados a aprender un currículum y materias con las que se aburren o no se sienten identificados. Sin embargo, cuando un niño elige su profesión, puede apasionarse y obtener las mejores calificaciones. Lo ideal es animarlo a intentarlo todo y si comete errores, no pasa nada. Eso es parte de la vida, ¿no? Aprender y evolucionar, en lugar de aislarse o quedarse en la zona de confort para evitar enfrentar el miedo.
El padre se quedó en silencio y me dijo que tenía que aprender a comunicarse con su hijo, ya que era posible que estuviera dañando su autoestima. Reconoció lo difícil que puede ser para un niño enfrentar esa situación.
Es sumamente importante reconocer cuando cometemos errores y estar dispuestos a corregirlos. Es nuestra responsabilidad como adultos hacer todo lo posible para que los niños puedan alcanzar su máximo potencial. Una simple calificación o un diagnóstico no determinan por completo el futuro de un niño.
Los padres tienen la responsabilidad de permitir que sus hijos vuelen alto y no limitar sus oportunidades debido a su propia incapacidad para lidiar con la frustración. Si tenemos miedos o problemas emocionales, es importante que busquemos ayuda y tratemos de resolverlos antes de criar a nuestros hijos. Y si no sabemos cómo abordar determinadas situaciones, debemos estar dispuestos a aprender y educarnos sobre la forma adecuada de criar a nuestros hijos.
Recuerden que nuestras palabras y acciones como padres pueden tener un impacto duradero en el futuro de nuestros hijos. Una palabra hiriente o negativa puede dejar una marca profunda en su desarrollo. Por eso, es esencial ser conscientes de cómo nos comunicamos con ellos y tratar de fomentar un ambiente de amor, respeto y apoyo en el hogar.









